Decidí escribir una larga
carta a mis hijos contándoles su historia vista por los ojos de
su madre. Quise que su historia empezara desde que su padre y yo
nos abrimos a recibirlos. Lo considero importante, pienso que
mis partos han sido una continuidad de los embarazos; el parto
no es un hecho aislado sino que forma parte de una bonita
historia, por lo que las pequeñas anécdotas de esos nueve meses
son importantes.
¿Hay diferencias entre mi
primer parto y el segundo? Evidentemente. Los dos fueron
hermosos, grandiosos. Pero hay algunas diferencias.
El primer expulsivo fue más
trabajoso, me daban ganas de abandonar ( 1 hora de expulsivo
agota), en el segundo fue tan fácil y gozoso como cagar ( 1
minuto, 2 minutos, un pujo, dos pujos y tu niña en brazos). La
conclusión que saco aparte de las obvias como que era una 2ª
hija y, además, muy reciente ( 18 meses de separación), es que
la dilatación es muy importante, es donde permitimos que el
cuerpo se abra, que lo haga como él sabe, como está preparado
para hacerlo, no gastar energía oponiéndose.
Mi primer parto fue hermoso.
Puse mi voluntad al servicio de algo que desconocía, había
expectativa, era observadora de mi propia acción. En el segundo,
aunque tenía miedos, me abandoné al acto del nacimiento, y me
permití vivir la más maravillosa experiencia de mi vida, estaba
unida a la tierra como un animal que pare y a la vez era una
experiencia mística porque había consciencia en todo mi cuerpo.
Durante la dilatación, que
era muy rápida, apenas hubo descanso desde que empecé con la
primera contracción, se unían unas a otras. Mis sensaciones
fuertes no eran un orgasmo, tampoco dolor. Tan alejado está de
lo uno como de lo otro. Lo describiría como una vibración que
nacía en el útero, y subía y se expandía. Tal vez no sea tan
ajeno al orgasmo al ser como una descarga vibrante pero no había
placer, y en cuanto a doloroso, recuerdo que en mi primer parto
si la dilatación me pillaba distraída, sí me dolía. Creo que en
la dilatación es un error llamar a esas sensaciones fuertes
contracciones porque implica cerrarse. Asistí al parto de una
amiga que decía que se partía, yo le decía que no se partía,
sólo se abría, ella me dijo que ese cambio de término la había
ayudado.
Estoy convencida de que
podemos recuperar los partos naturales, que esa información está
en nosotras y es recuperable y que podremos tener un parto
natural sin tener que desplazarnos de nuestro medio, como nos
pasó a nosotros que tuvimos que recorrer media España con las
aguas rotas en el primer parto, y en el segundo estar un mes
fuera de nuestra casa esperando el nacimiento de Clara, alejados
de la familia y de amigos, y eso no tiene nada de "natural",
aunque es un precio que pagamos gustosamente.
Mi segundo parto fue la
experiencia más maravillosa de mi vida, y me doy las gracias a
mí porque permití que mi cuerpo de mujer actuara como él sabe
hacerlo, doy las gracias a mi pareja que estaba convencido de
que lo haría así de bien y que procuró un entorno de lo más
respetuoso para el nacimiento de sus hijos ( yo no tenía ni idea
que se pudiera dar a luz fuera de un hospital y tuve mis dudas
al principio). Gracias a Acuario por poner el máximo de
eficiencia y de humanidad para que partos así se puedan dar.
Especialmente me acuerdo de María que en la preparación al parto
me dio dos claves fundamentales: en la dilatación sigue la ola,
no te opongas, y que como mujeres que somos sabemos parir. Y
muchas gracias a Montse que fue la mujer experimentada, la amiga
que me acompañó.
SUBIR
HISTORIA DE ..... LUCAS
Un hermoso embarazo.
Creo que debías estar
escondido detrás de algún pino un 23 de febrero con un sol de
invierno que acariciaba la piel; cuando se produjo nuestro
primer encuentro, yo era la Tierra que se abría y la luz lo
inundó todo.
Acuérdate: azul, verde y
luz!
Y desde ese momento una
energía suavita nos envolvió a ambos.
Paseé despacito, mirando con
los ojos muy abiertos, con los ojos del alma, y vimos las flores
del cerezo y olimos las del melocotonero, y nos parábamos a
mirar como salían las hojas doradas y nuevas de la primavera , y
flotábamos en la esfera que nos envolvía y por eso yo a veces
estaba un poquillo mareada.
Otras veces cerraba los ojos
y escuchábamos con los oídos del alma, para que tú también
sintieras, todos los pájaros que cantan para ellos, para ti,
para mí, para todos, y así pasaba el tiempo, suave y dulce.
Papá te hablaba, y te
contaba cosas, hasta un poco de Caperucita, y siempre estaba muy
cerquita de ti y de mí, ¡amándonos!. Nos cuidaba muy bien y nos
quería, regándonos siempre.
En agosto una noche me
desperté y supe que empezabas a prepararte para ser más
independiente.
Empezó el Otoño y yo seguía
aprendiendo lo que nuestra unión me enseñaba: PACIENCIA, que no
se puede abarcar todo; que poco a poco, y que este momento es el
bueno.
Ya eras un feto muy
independiente y los dos nos preparábamos para el gran viaje. Yo
te decía en esos momentos íntimos donde nos emocionábamos
sintiéndonos: Crece tranquilo, prepárate pero "por fa" no
engordes más de 3 kilos y medio por que me costaría más parir
y...!acuérdate! si quieres nacer en Acuario avisa con tiempo
porque estamos muy lejos.
Un sábado, cuando yo ya
estaba muy gorda, pero que muy gorda, tomaba el sol a la puerta
de casa y le decía a papá por qué no adelantábamos el viaje. El
día antes había hecho tu bolsita . Me sentía muy cansada. Nos
echamos la siesta y al ir a levantarme noté que estaba muy
mojada, algo importante había sucedido. Fui al baño y comprobé
que las aguas eran limpias. Llamé a papá. Nos abrazamos muy
emocionados porque sabíamos que pedías permiso para nacer.
Después de disfrutar un ratito de esas sensaciones bonitas, me
senté y me imaginé entrando en el hospital y supe que eso no lo
queríamos, ni tú, ni yo, y no había prejuicios, pero me sentía
muy pequeña en un hospital con un hall tan grande. Y miré a tu
padre y le dije: -¿Nos vamos a Alicante? Sonrió, me abrazó y
dijo ¡vamos!
Ahora había que ser
prácticos, llamamos a Montse y consultamos todas nuestras dudas.
Las aguas eran claras, no habían empezado las contracciones,
tenía borrado el cuello del útero pero no había comenzado a
dilatar (tu padre me había hecho un tacto), y tú mi chiquitín te
habías estado moviendo muy contento dentro de mí. Lo más
probable era que las contracciones no empezaran hasta el día
siguiente. Para mayor seguridad llamamos a un médico amigo que
rápidamente vino y muy preocupado nos daba consejos, pero se dio
cuenta que estábamos muy convencidos de lo que hacíamos, papá
sabía todo lo que tenía que saber y yo estaba muy confiada y nos
dejó partir. ¡Gracias Benja por los dodotis de tu hija!, me
vinieron fenomenal para el viaje. Decidimos no llamar a los
abuelos hasta estar cerca de Valencia para que no se preocuparan
y trataran de convencernos de lo que no queríamos.
Y empezó "la huida de
Egipto". Hicimos el viaje muy contentos. Yo te pedía que me
dejaras llegar y descansar hasta el día siguiente. Paramos a
cenar, a cambiarme el dodotis, a llamar a los abuelos y para que
nos esperaran en la clínica. Nos sentíamos felices y tranquilos.
Yo fui durmiendo casi todo el viaje. Llegamos como a la una. Nos
esperaban.
Detalles respetuosos y
cariñosos por parte del servicio de la clínica se sucedían, como
monitorizarme lo menos posible ya que a mi me alteraba que una
gráfica simbolizara mi dolor.
Empezaba a estar expectante,
¿cómo sería eso de parir? Lucas, me dejaste dormir hasta las
cinco y media o seis que tuve una primera contracción que aunque
suave me despertó. Sonreí, miré el peñasco desde la ventana y
tuve un par de ellas más en mi intimidad, pero me parecía mucho
egoísmo y desperté a papá para compartirlo. Cada contracción era
compartida en abrazo y beso. Cuando empezaron a ser mas fuertes
recordaba el consejo de María, la partera, dejarte subir por la
ola y disfrutar de la bajada. Como a las once y media pensé que
estar en la bañera me ayudaría porque empezaba a ser mas
trabajoso, ya no eran olas sino montañas lo que había que subir,
eso sí, las bajadas eran deliciosas, compartidas con tu padre.
Pusimos el agua tan caliente que no aguantamos mucho tiempo,
claro que también debió de servir para que me bajara la tensión.
Montse me pedía permiso para
hacerme los tactos y me informaba de como iba dilatando, tú
estabas bien encajado y dispuesto para el gran viaje.
Como a la una le dije a
Montse que tenía ganas de pujar. Comprobó que estaba totalmente
dilatada.
- ¡Adelante! dijo.
¿Qué sentía?
Que me abría, que el
universo entero se abría, que el tiempo se había parado, que
había más luz, que dolía, que amaba, que amaba mucho.
Y tú, 'mi amor', te abrías
paso poco a poco, lentamente y con decisión, y yo te ayudaba con
mi voluntad. Las ganas de empujar me duraban poco y dejar de
hacerlo significaba descansar, pero yo mantenía los pujos. Y tu
padre, 'mi amor', no faltó ni un instante de estar a nuestro
lado porque desde el primer momento fuimos un equipo y seguíamos
siéndolo. Y la mano y los consejos de la mujer experta dando
seguridad y confianza.
¡Ya estabas aquí!. Tu padre
veía coronar tu cabecita y lloraba de emoción, me dijeron que
podía tocarte pero yo no lo necesitaba, te sentía y grite:
- ¡Te amo!, y pujé.
En el siguiente pujo te
deslizaste suave como un pececillo caliente.
Allí nos quedamos abrazados
los tres. Tú sobre mi tripa, cerquita, muy cerquita tu padre. Te
acercamos al pezón y mamaste. Habías nacido como siempre habías
sido: SUAVE.
Fue papá quien te corto el
cordón cuando ya no lo necesitabas porque respirabas tú solito.
El respirar te asustó un poquito, pero muy poco. Te
acariciábamos, ¡mi ranita! Ahí fue cuando decidimos que te
podías llamar Lucas.
Luego hubo que esperar a que
la placenta saliera, pero no salía, se había cerrado el cuello
del útero. Decidimos que Montse me la sacara con la mano; eso
hizo que me desgarrara un poco y sangrara, por lo que fui a
quirófano para cerciorarnos que no se había quedado nada
adentro. Mientras, tú hacías compañía a tu padre que te sostenía
muy abrazadito y los dos me esperabais en el mismo quirófano.
Al poquito ya estábamos
durmiendo juntos en una cama, tú en el medio para que no te
faltara calor. A las cinco y media te di la teta. Y parecía
increíble que fueras tan bonito, o por lo menos tú padre y yo
así te veíamos.
Tu primer baño te lo dio
María, acompañado de un masajito y nos dijo que no habías sido
pasivo en el parto, que habías hecho tu gran esfuerzo, y eso
unido a lo que dijo Montse al ver tu carita al nacer, que no
habías sufrido en el parto, yo tu madre, lo afirmo: ¡lo hiciste
muy bien!.
Naciste un otoño muy
amarillo y cálido.
SUBIR
ARTEMISA, la doncella del
arco plateado o HISTORIA DE CLARA
Era a finales del mes de
julio, el verano con toda su sensualidad estaba en su apogeo.
Hacía un mes que te habíamos dado permiso para que pudieras
venir si así lo querías, y aprovechaste un placentero y amoroso
encuentro ( y divertido).
Cuando fue una certeza que
una nueva vida crecía dentro de mí, me sentí muy rica y
privilegiada por ese nuevo regalo.
La luna llena de agosto
fuimos a bañarnos al charco Verde de Pelayos, con Eelco, Onno,
por supuesto Lucas y papá. Después de bañarnos brindamos por
todos los Bakker allí presentes. Tu padre y yo nos miramos y nos
sonreímos porque ya estábamos brindando por ti.
Y empezó mi cuerpo a
adaptarse, mis mareillos, mis ascos, mi olfato sensible, todo me
recordaba que algo nuevo y distinto a mí esta creciendo en mi
interior. Esa caída en cuenta era un saludo, una bienvenida.
Todo el embarazo estuve
sintiéndome muy bien acompañada. Eras un ser fuerte y femenino
que me dejaba mucho espacio para seguir siendo yo misma.
Ibas creciendo suavecito, me
dirigía a ti con confianza, podía hablarte sin miedos, sin
expectativas, todo era maravillosamente normal. Sentía que eras
hembra y eso me gustaba. Cuando cantaba a Lucas para dormirle,
también te acunaba a ti.
Como me iba ilusionando con
que fueras una niña y no quería ser injusta si eras un niño, le
dije a papá que me gustaría saberlo. Eras niña casi seguro, pero
era nuestro secreto, no se lo dijimos a nadie.
El tiempo pasa muy fácil si
eres feliz, y nosotros lo éramos. Aunque a veces se complicara
como cuando a papá le llevamos a urgencias porque le dolía
muchísimo la cabeza. Recuerdo que me agarré la tripa, te sentí y
pensé "no me puedo permitir el lujo de preocuparme. Todo esta
bien." Y así fue.
Tú ibas creciendo a la vez
que nuestra casa del Ciervo se iba haciendo realidad, papá ponía
toda su ilusión en hacernos "el nido".
En febrero se murió el
abuelito de Holanda, le hubiera encantado conocerte, pero ya no
le debían quedar fuerzas para esperarte a ti y al primo nuevo.
Yo ya estaba muy gorda, tú
te movías muy bien dentro de mí. Era marzo y todo el mundo decía
que estabas a punto de nacer, así que, decidimos adelantar el
viaje a Denia, queríamos ofrecerte el mejor de los nacimientos,
luego ya veríamos.
Un día abrí el libro de
"Diosas" y me salió Artemisa, la doncella del arco plateado,
hija de Zeus y Latona que nació sin dolor, que a su vez luego
ayudó a su madre al nacimiento de Apolo. Desde entonces una
parte de mí invocaba al saber parir sin dolor, con la sabiduría
que debe estar en cada hembra. Sabía que tú me ayudarías.
En Denia alquilamos un
apartamento al lado del mar y después una casita en Baladres y
nos dedicamos a nosotros. Había mucho tiempo para que yo
estuviera con mi tripa, para que se lo dedicara a Lucas, para
que nos lo dedicáramos Roland y yo, para que papá te sintiera,
para que Lucas disfrutara de nosotros. Mucho tiempo en una dulce
espera, porque todo estaba preparado para que nacieras. Pero tú
debías de estar muy feliz porque te tomabas tu tiempo.
Te sentía fuerte y cálida.
Yo esta muy pesada y con
ganas de tenerte en mis brazos, aunque rápidamente me volvía
otro pensamiento: "Tómate tu tiempo, pequeña". El aprendizaje de
mis embarazos ha sido saber esperar.
Empecé a dormir un poco mal
y me subió la tensión, eso es peligroso, lo controlaba con
infusiones. Tu corazón latía bien, papá lo escuchaba a menudo.
La tensión empezó a estar muy alta. ¿Inducimos el parto? Tú
estabas bien, en la ecografía se veían las aguas abundantes y
claras, y te vimos "el bollito", ¡eras una niña!. Probamos con
homeopatía. El apoyo incondicional de tu padre, su confianza en
mí, en que lo sabría hacer muy bien, me ayudaba en los momentos
de "susto". Era el 19 de abril, cuando se suponía que salía de
cuentas, al día siguiente nos habíamos comprometido a dejar la
casa.
Al principio había una cosa
que me preocupaba, en el momento del parto ¿qué pasaría con
Lucas?, ¿no podría tener cerca a tu padre? Con la estancia tan
larga esperando el parto aprendí que otros niños habían nacido
con hermanos por allí, las condiciones humanas de la clínica lo
permiten y lo facilitan. Me di cuenta de algo importante: tú
tenías un hermano, yo ya tenía un hijo, eso era hermoso, no un
problema.
El jueves-santo, a la hora
de la comida, fui al baño, no había estado estreñida en todo el
embarazo pero ese día sí que lo estaba. Me puse en posición de
parto para empujar y ....!rompí aguas!. Fui a decírselo a papá.
¡Qué alegría!, yo no cabía en mí de gozo, nos mirábamos y
sonreíamos. Papá me tranquilizaba, primero comeríamos, teníamos
tiempo. Subí a cambiarme de compresa y vi que las aguas eran
sucias. Rápidamente a la clínica. Lucas se quedaba dormido. Tu
corazoncito latía bien, yo necesitaba una siesta en la
habitación rosa, dónde habíamos estado en el nacimiento de
Lucas. Me dolía mucho la cabeza. Descansar para el trabajo que
me esperaba.
A las cinco y media vino
papá con Lucas y al poquito empezaron las contracciones. Montse
también vino. Me senté en la cama a sentir. Empezaron a ser muy
seguidas, tenía calor, quería concentrarme en mis sensaciones.
Lucas en brazos de papá, intuyendo que algo importante estaba
pasando. Me miraban, me acompañaban, nos acompañaban. Montse, la
mujer sabia, sentada en el sillón. Mucha compañía, mucho
respeto, mucha admiración. Ahí estaban cuidando el espacio donde
yo tenía que meterme, NO NECESITABA MÁS.
Escuchaba el cuerpo que me
hizo moverme, ponerme de rodillas, a cuatro patas, levantar una
pierna, girarla, levantar la otra, girarla. Sentarme en el suelo
que estaba fresco. Abrirme, abrirme mucho, todo el coño bien
pegado al suelo, movimientos circulares para abrirlo más y
pegarme mejor al suelo y... Sensaciones fuertes, muy fuertes,
venían de abajo hacia arriba, y abrí mi boca, relajar la
mandíbula y dejé salir el aire con un a,a,a,a,a,a,a,.....
bajito, como un canto. Y otra nueva fuerza se abría paso de
abajo arriba, y "a a a a a ..... hasta que se acababa el aire, y
abrirse mucho, de abajo hacia arriba, y aaaaaaaaaa y sentirlas
todas y amarlas todas. Y cuando la fuerza llegaba arriba, venía
empujando otra, y acunarlas y acompañarlas con mi canto
aaaaaaaaa.
Lucas se dirigió a nosotras,
sí, que se acerque, que le coja, que acune a mis dos hijos
juntos, aaaaaaaaaaaaaa, Lucas quietecito, pegadito a mí, la
sensación y el canto.
Montse sugirió que papá
adelantara la cena a Lucas porque todo iba muy rápido.
El monte de enfrente, la luz
cada vez más tenue, los ojos de tu padre acompañándonos,
queriéndonos apoyándonos, admirándonos, facilitándolo.
Todo se abre, la cadera.
Estiro el cuello, abro la boca. !Todo muy abierto! !Más!, me
digo , !abre la mandíbula más!, y enseño los dientes de loba,
hacia delante, y canto aaaaaa aaaaa ...( Qué fea pienso yo) (Qué
hermosa dice tu padre). Y tú y yo haciendo lo que nadie podía
hacer por nosotras, yo permitir que mi cuerpo se abriera, y tú
bajar, abrirte camino, yo facilitártelo.
En un momento me llega un
pensamiento de cansancio y me pregunto cómo podré empujar luego,
pero el pensamiento es fugaz porque hay que seguir sintiendo esa
apertura. Y acompañarla y no perder un instante.
Papá sale a dormir a Lucas a
la terraza.
Montse se arrodilla a mi
lado. No, no quiero bajar al paritorio. NO me dejes sola. No
pensaba hacerlo. ¿Quieres que te haga un tacto?. Bueno, estoy
muy abierta, si me levanto me darán ganas de empujar. Ven al
cuarto de baño que es donde se hacen los tactos en casa. Tengo
ganas de cagar. Lo que vas a cagar es a tu niñita. Juana está
aquí la cabecita. Quiero empujar. Pero quiero que la recoja
Roland. ¡Pues claro! ¡Roland, ven!, ¡la niña ya está aquí!.
Acuesta a Lucas. Lávate las manos. Dirígela Montse. Tú quédate
ahí Roland, recógela. ( Los ojos de Roland). Un apretón. ¡Juana,
está aquí! (Los ojos de Roland). Otro apretón.
¡Mi niña, mi niñita! Ya
estaba aquí. Sin dolor. Sólo con la voluntad de dejarse llevar,
de querer abrirse. En el cuarto de baño alguien enciende la luz
¡Pero si sois vosotros! y rápidamente se apaga. Para que mi
niñita esté en penumbra , que nada inquiete este momento.
Mi niña húmeda, caliente,
sobre mi tripa ya vacía, mi montoncito pegada a mí. ¡Qué bonita
es! ¡Gracias niñita, gracias! ¡Qué bien lo hemos hecho!
¡QUE HERMOSO PARTO!
Con el cordón colgando y mi
niñita abrazadita a mí me ayudan a ir a la habitación. ¡Estoy
eufórica! ¡Que bien me mama! Montse sonríe. ! Los cuatro juntos!
La placenta no sale. No me
preocupa, ¡saldrá!. Está adherida. Montse, preocupada, está a
mis pies, esperando a que salga. Ahora soy más sabia en partos
que hace un año y sé aprovechar esas pequeñas contracciones para
empujar.
Naciste a las 9h. 20 m. y la
placenta la expulsé a las 10 h. 30 m.
Todos juntos, que alegría,
quiero champán, brindamos, llamo a los abuelos, hablo con todos.
¡Estoy eufórica!
No te he contado como lo
vivió tu hermano:
Estuvo muy quietecito
abrazado a papá mientras yo dilataba, al principio quiso
acercarse pero yo necesitaba concentrarme y papá le tomó en sus
brazos. Después cuando ya estaba la dilatación muy avanzada
intentó acercarse otra vez y esa vez le acurruqué en mí y os
canté a los dos, Lucas muy blandito en mis brazos nos
acompañaba. Él sabía que algo solemne estaba ocurriendo.
Papá le metió en la cama ya
dormido, pero él no se quería perder ese gran momento y se
levantó. Pasó entre las piernas de la gente y se quedó mirando
con los ojos abiertos, muy abiertos. Y cuando naciste papá oyó
un sonido entre risa y llanto, era de Lucas que vio como nacías.
Alguien se lo llevó y empezó a protestar hasta que rápidamente
papá dijo que lo trajeran. En la habitación tú en un brazo de tu
padre y Lucas en el otro, te miraba muy callado y serio. Cuando
la comadrona te cogió, Lucas protestó (se llevaban algo nuestro)
y calló cuando te volvieron a poner en brazos de papá. Luego te
sonrió, se rió y se relajó todo su ser. Creo que había
comprendido que formabas parte de nosotros ya que había visto
que salías de mí y te habían acogido los brazos de vuestro
padre.
Al día siguiente Lucas trepó
por encima del cuerpo de papá y te miró y te sonrió! Seguías
estando allí! Desde ese momento hay una gran complicidad entre
vosotros. Esa misma mañana una vecina vio como tu hermano se
había despertado de la siesta y te había besado mientras
nosotros estábamos comiendo.
Ya han pasado cuatro meses y
eres una niña preciosa con la risa fácil. Tu hermano te hace
cosquillas, te besa, te hace payasadas y tú te ríes a carcajada
limpia. ¡Da gusto veros! Todo el mundo pregunta si tiene celos
Lucas. ¡No!, no tiene celos, ni pelusilla, ni ninguna de esas
cosas. Manifiesta mucha ternura hacia ti y sabe esperar si estás
mamando y nunca, nunca te niega un beso.
Vuestra mamá, Juana
SUBIR